viernes, 4 de mayo de 2007

Un relámpago.

Con una mirada mi mundo quedó hecho pedazos.
En solo momentos todo lo que en algún lugar creí haber visto, oído o sentido ya no tenían el mismo valor después de aquel despertar.
¿fue un sueño?
Cuando el anverso del universo me mostró su cara supe que no dormía.

Había mucho sol aquel día como para esperar un relámpago,
y sin embargo,
fue lo que sucedió inmediatamente después de sentir en mi piel aquellas gotas viajeras, que no saben donde empiezan,
ni donde terminan…

Así, yo nunca esperé un relámpago
y menos una lluvia delicada de sutilezas envueltas en miradas cómplices.
Nunca esperé una caricia, y en mis sueños solo restaba sentir que sentías lo mismo,
un relámpago, una estrella fugaz o una noche helada
luego de una lluvia inesperada.

Al girarnos el mundo tuvo otro cariz,
llegamos a comprender una simple mirada
dejándose llevar por el juego de las seducciones,
conquistando con palabras y miradas cada rincón tuyo
y cada rincón mío.

Al hacer el mundo nuestro nada más fue importante.
Nada más.
Un relámpago pasó, junto con la lluvia incierta y el sol de una tormenta tropical.
Un rayo de luz alumbró los rincones empolvados,
los limpió con el agua y aparecen cristalinos,
ante la mirada atónita de las estrellas.

Un relámpago que se parece a un sueño…
un sueño dulce que se recuerda cada noche,
noches calmas que traen el día
días infinitos que se atrapan con los dedos.
Un relámpago, un sueño.

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