De noche.
Aquella que parecía ser la misma noche fría a la llegada del invierno de todos los años.
En esta ocasión los relámpagos pasaron a ser luces de un escenario teñido de colores cálidos. La función empezó (y sin embargo no era una obra).
El destino jugó sus cartas con los demás actores, uno a uno fueron desapareciendo, hasta quedar solamente los actores principales. De fondo, la música ideal, tejiendo sus notas perfectas en el juego de lo inesperado.
De pronto, dos miradas
y un beso.
lunes, 11 de junio de 2007
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